Aún recuerdo la primera vez que le ví. Era el día de las pruebas para entrar en la escuela. Y lo primero que pensé al verle hablando de no se que en mitad de la multitud que allí se congregaba : ¿ de donde ha salido este tío? . La primera impresión fue un poco desconcertante y para colmo con los días y ya sabiendo que estaba dentro de la escuela, estábamos en la misma clase. La primera semana no podía ni verle. Hasta que un día nos quedamos solos en el aula de expresión corporal. No recuerdo bien que hablamos y tampoco importa, pero sí recuerdo que noté que estaba frente a alguien que tenía los mismos sueños que yo, las mismas ganas de soñar y de cumplirlos y sobre todo, frente a una persona que tras un traje de aparente prepotencia y egolatría…se escondía un ser sensible, humano y noble. Nunca olvidaré su ayuda cuando el mundo se me venía abajo. Siempre tenía esas palabras de ánimo que hacían que todo se me olvidara por un momento. Me hacía ver lo que yo escondía tras mi traje de chico atormentado e inseguro. Tienes talento Manuel, eres bueno. Y los miedos desaparecían. Recuerdo muchos momentos. Cómo esa vez que nos cogimos un autobús de madrugada para Madrid. Yo nunca había estado en Madrid, la que ahora es mi casa. Íbamos a hacer un casting para Jesucristo Superstar. Entre la voz de Camilo Sesto y la canción de la serie de Los problemas crecen pasamos la noche. Yo no dormí en todo el trayecto y tampoco me hacía falta, tenía una energía desbordante que emanaba desde lo más profundo de mis anhelos, cómo pa echar una cabezadita vamos… También recuerdo una tarde que venía de comprar allí en Sevilla . Yo vivía en frente de la escuela y por la calle se escuchaba notas de piano y una voz profunda que provenía del aula de música que daba a la calle Pascual de Gayangos . Hay quien tiene un canario que canta en la ventana, nosotros lo teníamos a él. Y cómo no, aquel día, que llegamos de una fiesta, super borrachos. Al abrir la puerta de mi habitación y me lo encontré en mi cama con otra compañera de la escuela. Me fui corriendo a la cocina, me tiré al suelo y no pude parar de reírme en una hora entera. El salió al ratillo, medio en pelotas y pidiéndome perdón muy apurado y yo que aún no me había recuperado del ataque de risa no sabía ni que decir. Pero no había que decir tampoco mucho, que pa eso estamos los colegas. Que si el no lo hubiera hecho, ya le hubiera repetido mil veces yo, que lo hiciera. Que me encantó que lo hiciera. O ensayando una performance para Interpretación que teníamos que representar una orgía ficticia. Creo que soy el primer chico que ha besado ( jajajaja). O cuando habló con Fran de la Escuela del que yo estaba perdidamente enamorado porque pasaban los meses y yo no me atrevía ni a decirle hola. O esa vez que estaba en la feria de mi pueblo, muy borracho y lo llamé a las tantas de la madrugada. O esa vez que me había enamorado y despedía en el tren a quien tanto amé y de repente tuve su inesperada llamada para saber cómo me iba. O esa vez que me ví llorando por no aguantar este coñazo de Madrid, y el me consolaba y me convencía para que me quedara para luchar por mis sueños rotos en aquel momento, pegándolos con palabras sinceras y esperanzadoras. Este año, han sido dos las veces que me lo he encontrado. La primera recién llegado a la capital, dejando curriculums sin ton ni son y sin sentido alguno. Noté una mano que me tocaba la espalda. Nos dimos un abrazo, cruzamos cientos de palabras en tiempo record, pues el tenía mucha prisa ya que tenía función y llegaba tarde. Se llevó uno de mis curriculums para dejarlo en su teatro y se marchó veloz. El otro día iba yo por la calle, pensando en mis cosas y en cómo hacer para volver a quedar con la persona que lleva un tiempo quitándome horas de sueño para soñar despierto mirando la Luna. M.A. Cuando cruzando uno de los semáforos más multitudinarios de España, el de Callao de Madrid, advertí desde lo lejos una figura bastante familiar acompañado de una chica. En mitad del semáforo, lo paré, aún sin saber muy bien si era él pues iba tapado hasta las cejas, con este frío que aquí acontece, y le solté un cabronazo!! . Nos dimos un abrazo en mitad de la Gran Vía y al rato nos apartamos hacía a la acera viendo que podríamos haber muerto atropellados por los coches locos de la capital. Me presentó a su novia. Una chica espectacular, con una sonrisa amable y una mirada tranquila. El se aquejaba de tener gripe y me dijo que fuera a verlo al teatro que tenía dos entradas. Acepté inmediatamente. Y luego caí que ya tenía la excusa perfecta para volver a ver a M. A.
Y llegó el día. En la taquilla, yo diciendo, tengo dos invitaciones de Tony, Tony Berneti. No sabía si me iban a dejar entrar, pero ya tenía en mi manga dos ases, el decir, si hombre, si yo soy amigo del protagonista… y el as de… voy a llamar por teléfono al protagonista, que es mi amigo, pero no hizo falta. Me dieron las entradas y nos sentaron a mí y a mi acompañante en la primera fila, como auténticos señores. El show empezó. Grease: El musical de tu vida. Muchos bailarines y cantantes empezaban a dar vida en el escenario a una historia que por más que la vea nunca me deja de sorprender y de estar atento a lo que ocurre. No se que tiene Grease que siempre es como la primera vez, aunque tu cinta de video de pequeño donde la tenias grabada hace años que estaba rallada y por muchas veces que lo hayas hecho delante de ingleses en hoteles de costa. Y apareció él, la estrella, el Danny Succo más creíble. El único que bajo mi punto de vista y gran admirador de Travolta, repito, el único que realmente puede hacerle sombra. Ese chico que improvisaba los creativos de danza, ese que daba giros y piruetas entre clase y clase, el que cantaba por los pasillos de la Esad, el que un día dejó la escuela porque se le quedaba pequeña. Allí estaba, dándolo todo y demostrando ser todo un profesional. Al terminar, lo llamé y lo esperé en la puerta de atrás del teatro. Le dí un abrazo y empezó a toser como un loco. Estaba bastante constipado y me confesó que estuvo toda la función a punto de toser y que tenía la garganta echa una mierda. Quién lo diría después del espectáculo que nos brindó anoche. Yo quise devolverle el favor y acercarlo a casa, pero no encontrábamos el coche. Se nos perdió en la calle de al lado. Creo que M.A. y yo aún no controlamos las cosas que están fuera de nosotros dos. Y después de dar muchas vueltas por la calle, todos aceptamos que sería mejor que se pillara un taxi debido a su estado griposo. Y menos mal porque el coche no apareció hasta la mañana siguiente. Le subí la cremallera de la chaqueta, le dí un beso y se pilló el taxi hacia su casa. No se cuando nos volveremos a ver. Seguramente cualquier día inesperado, por algún sitio de Madrid, o en algún casting, o en el super, o en su casa, o en la mía o en Pekín…solo Dios lo sabe. Todo depende de un golpe de suerte. Pero Antonio, el Canario, siempre estará ahí, quitando piedras de mi camino. A ti amigo, al Elvis de mi barrio, el espantapájaros que acompaña a Dorothy a ver al Mago de Oz por el camino de baldosas amarillas, al Quijote que ve que los rascacielos por muy altos que sean no son mas que molinos de viento, un viento siempre a tu favor. Al Batman que le dice a Robin que merece la pena luchar por lo que uno quiere, al chico que giraba sobre si mismo cuando el mundo no giraba. A tí , por escuchar mi propia voz y mi intención clara . Por hacerme ver que las putas de barrio pueden recitar a Shakespeare sin complejos. Por ser como eres y que nada haya cambiado.

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